Del 28 de enero al 1 de febrero, Madrid vuelve a colocarse en el centro del foco con la Generali Hexagon Cup, un torneo internacional de pádel por equipos mixtos que aspira a consolidarse como referencia. La idea no es solo juntar partidos. Es construir una competición con narrativa de equipos, calendario compacto y momentos pensados para enganchar incluso a quien no sigue el circuito cada semana.
A mí me gusta este enfoque porque el pádel, por muy de moda que esté, sigue necesitando formatos fáciles de entender para el gran público. Cuando todo se reduce a equipo contra equipo, con puntos y objetivos claros, la experiencia se vuelve más accesible. Y eso, en 2026, vale casi tanto como el nivel en pista.
El formato del torneo de pádel
La Hexagon Cup se juega con equipos que compiten en tres categorías. Masculina, femenina y Next Generation. Cada partido suma puntos para el equipo y el objetivo no es “ganar tu partido y ya”, sino aportar al total. Eso cambia la mentalidad. Cada cruce puede ser decisivo y el torneo se vuelve más “serie” que “partido suelto”.
En mi opinión, esta estructura tiene una virtud clara. Obliga a mirar el conjunto. Puedes tener una pareja estelar, pero si el resto del equipo no acompaña, el proyecto se cae. Es una lógica muy deportiva y, a la vez, muy moderna. No todo gira alrededor de una sola figura, sino de la consistencia del bloque.
Estrellas y banquillo con foco
Aquí hay dos ingredientes que suelen funcionar. Estrellas del pádel y el componente social de los equipos. El torneo se vende como un escaparate con nombres potentes y también como un evento con identidad propia, con equipos reconocibles y una puesta en escena que no se limita a la pista.
Mi sensación es que esto responde a un cambio de consumo. Cada vez más gente ve el deporte como entretenimiento completo. No es solo el punto. Es la historia del equipo, la rivalidad, el ambiente y la sensación de estar en un evento donde pasa algo cada día. Si lo haces bien, conviertes un torneo en una cita anual.
Por qué encaja ahora sin perder credibilidad deportiva el pádel
En los últimos años, el deporte ha aprendido que no basta con el nivel. Hay que construir formato. La Hexagon Cup juega a eso y lo hace con una idea bastante clara. Convertir el pádel en una competición de equipos que se pueda seguir como si fuese una liga corta o un mundial concentrado.
Y aquí viene mi parte más personal. Me parece una evolución natural. El espectador actual salta entre deportes, eSports, series y redes sociales. Si el pádel quiere quedarse, tiene que competir por atención. Un formato por equipos, con puntos, jornadas y final clara, te da una excusa para volver mañana. En una semana, eso marca la diferencia entre “lo vi un rato” y “me lo he tragado entero”.
Caja mágica y experiencia de estadio con pádel
El salto de sede a un recinto grande convierte el torneo en algo más parecido a una experiencia de estadio que a un evento de nicho. No es solo capacidad. Es percepción. Un espacio amplio, con ritmo de jornadas y sensación de gran cita, cambia la manera en que el público se relaciona con el pádel. Se va menos a ver un partido y más a vivir un día de torneo, con ese componente de espectáculo que hoy manda.
A mí me parece clave porque el pádel, aunque es masivo, todavía está definiendo sus grandes rituales. Qué torneos son imperdibles, qué fechas se esperan, qué eventos generan conversación fuera de la burbuja del aficionado. Cuando un torneo consigue que la gente hable del ambiente, del plan y de la experiencia, no solo del resultado, está construyendo cultura. Y cuando hay cultura, hay continuidad.
Cuadros, eliminatorias y rachas que te mantienen pendiente del pádel
La Hexagon Cup engancha por conceptos muy universales. Cuadros, puntos, rachas, “si ganamos este cruce pasamos”, presión en el último partido, remontadas. Es un lenguaje compartido con muchas competiciones modernas, incluidas ligas de eSports y torneos de videojuegos, incluso al jugar en los mejores casinos españoles. El cerebro entiende rápido el drama del todo o nada cuando hay una clasificación en juego y un premio al que aspirar.
En el deporte compites contra otros y el premio es consecuencia del trabajo. Entrenas, mejoras, ajustas estrategia. En el azar, “competir” no significa entrenar más, porque el resultado no depende de perfeccionar una técnica. Mi opinión es sencilla. Está bien disfrutar del entretenimiento, pero conviene no confundir mérito con aleatoriedad. En pista, el mérito se construye. En el azar, el riesgo se gestiona.
Lo que pasa estos días y cómo se vive el torneo de pádel
Una de las claves del torneo es el ritmo. Varios días seguidos con cruces que se entienden como capítulos de una misma historia. Si un equipo empieza fuerte, se genera conversación. Si uno pincha, aparece la tensión del “todavía se puede”. Si hay igualdad, el último día pesa el doble.

A mí este formato me parece especialmente efectivo para el espectador que entra por curiosidad. No necesitas conocer todo el ranking. Te basta con elegir un equipo, ver cómo suma puntos y entender que cada partido aporta. Y la categoría Next Gen añade un componente que suele funcionar. Descubrir futuros nombres en un contexto de máxima exposición. Para el deporte, esto es una inversión. Construyes presente y futuro en la misma semana.
Del highlight al hábito
Si lo consumes como evento, lo más fácil es empezar por los momentos clave. Puntos decisivos, cierres de partido y cruces que cambian la clasificación. En un torneo por equipos, los highlights no son solo golpes bonitos. Son golpes que valen puntos para el global o que mantienen con vida al equipo.
Mi recomendación personal es simple. Elige un equipo, aunque sea por pura afinidad, y síguelo como seguirías una serie. Si entras con esa mentalidad, el torneo se disfruta más. Y si el nivel acompaña, te quedas por el pádel y no solo por el espectáculo.
El patrocinio como señal de ambición del pádel
Que un patrocinador principal dé nombre al torneo suele ser un termómetro de ambición. No garantiza que todo salga perfecto, pero sí indica que hay un plan, una producción cuidada y un interés por crecer. En eventos nuevos o reinventados, ese respaldo ayuda a consolidar reputación y a atraer más ojos, más medios y, a menudo, mejores plantillas.
Mi lectura es pragmática. El pádel está en un punto donde necesita eventos con personalidad propia, no solo paradas del circuito. Si este torneo consigue convertirse en “la semana del pádel por equipos en Madrid”, habrá ganado algo más valioso que una final. Un lugar fijo en la memoria del aficionado. Y eso, con el tiempo, es lo que se convierte en tradición.
Crecimiento exponencial del pádel reinventándose
La Generali Hexagon Cup se entiende rápido. Equipos, puntos, jornadas y una final que decide. Esa claridad es su mayor fortaleza. En un ecosistema saturado de estímulos, lo que se comprende al primer vistazo tiene ventaja. Y aquí el pádel parece haber encontrado una vía. Mantener el nivel deportivo, pero envolverlo en una narrativa de equipos que engancha a perfiles distintos.
Mi conclusión es que el pádel no se reinventa cambiando la pista, sino cambiando la historia que cuenta. Del partido suelto pasamos al proyecto de equipo. Del ranking al orgullo de franquicia. Del resultado al recorrido de la semana. Si lo hacen bien, este formato no solo suma espectadores. Crea aficionados. Y cuando un deporte crea hábito, deja de depender de la moda. Depende de la costumbre.














